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21 de junio de 2007

"NO PODRÁ SUCEDER": La imposible realidad de Josela Maturana



- Maturana, Josela: No podrá suceder
Algeciras, Fundación Municipal de Cultura, 2007
Colección Bahía, núm. 40


Quizá sin proponérselo, fue Cernuda quien, debatiéndose entre la realidad y el deseo, colocó la poesía en el plano de éste, abriendo para ella interrogantes cuya respuesta –dijo- nadie conoce. Explorarlos, adentrándose en un terreno de imposibles certezas, constituye desde entonces un ejercicio apasionante y un reto tan difícil como aventurado, al que muchos poetas no se han querido sustraer.
Es el caso de Josela Maturana que, desde su retiro de San Fernando, alejada del tráfago de capillas y banderías, ha venido edificando una obra coherente, sólida y hermosísima, capaz de resistir los embates del tiempo y los sordos ataques de la mediocridad. Su trayectoria, breve pero firme e intensa, se asienta en la solvencia de su palabra cuanto en el rigor de sus construcciones y está jalonada por reconocimientos tan inequívocos como el premio Carmen Conde (con Oficio del regreso; Madrid, Torremozas, 1999) o la proeza de haber colocado La soledad y el mundo (Madrid, Visor, 2000) en la final, siempre reñida y polémica, del Ciudad de Melilla. Antes, en la ciudad de su exilio, había publicado La vida inédita (1997). Equipaje con creces suficientes para saltar el muro de las antologías que, como señaló Gil de Biedma, constituyen un pasaporte a la inmortalidad.
No podrá suceder, ganador de la última convocatoria del premio Bahía (Algeciras, FMC, 2007), nos conduce a un espacio más lejano, si cabe, que el de las célebres preguntas cernudianas, al emplazarse directamente en el territorio de lo imposible.
En la cita inicial, nos anticipa María Zambrano la que, a lo largo de sus treinta y tres poemas, será clave del libro: todo tiene derecho a ser hasta lo que no ha podido ser jamás. Nos encontramos, pues, en el complejo espacio de la realidad ontológica, que no deja a la voz lírica sino un leve resquicio para la lucidez: el presente, fugaz, como sabemos, e inaprensible acaso.
Instalada en su devenir, afronta la poeta dos ámbitos imposibles: la memoria, por una parte, que congela el pasado y lo revive, y el futuro, por otra, absolutamente desconocido e imprevisible.
La memoria, sin embargo, nos suministra imágenes de la realidad, pero no es, en modo alguno, la realidad, que nos muestra impregnada de nuestras propias fantasías, fabulada –en suma- por el sujeto: Por la escalera de la memoria umbría/ desciende el lento polvo de una fábula/ arrastrando su cola de deseo,/ su enigma y su proverbio irrefutable,/ con mirada de perro abandonado –escribe al respecto la autora-.
El futuro también es ficción y se define, en oposición a lo recordado, como el ámbito de lo incierto, pero a su vez de aquello que, posible, lo es únicamente en el deseo, en el sueño, en lo desconocido. Y, en tanto que potencia, aparece como imposible en el espacio de la realidad. Josela Maturana, en el precioso e inteligente poema (Incertidumbre en la hierba) que abre la segunda parte del libro, lanza un órdago a Wordsworth, enfrentando a su esplendor de recuerdos románticos la íntima rotura del olvido y escribe: Entonces (…)/ qué nos queda de la lúcida rebelión o del museo de cera/ donde duermen los autos de los sueños.
Entre lo inalcanzado y lo incierto, la poesía nos brinda el único instrumento y nos señala el único camino para movernos a través del tiempo y crear en el poema un conato de realidad en el cual lo imposible se materialice para añadir más sueño a lo imposible (si se nos permite la redundancia de la cita).
Cuáles sean las fuentes de nuestras percepciones es cuestión de difícil y acaso inútil resolución cuando habla el poeta desde los sentimientos y fija la mirada en el objeto de su ternura: La multitud es una niña triste,/ pero nadie la ve./ Nadie la ve –leemos en el emocionante Tres partituras para una niña eterna-. O bien este guiño a Vicente Aleixandre: Antes de que termine la película ya sabes el final./ Se querían. Se querían./ No debieron morir. La muerte es, en efecto, el horizonte de nuestras certezas.
Estamos ante un libro profundo, misterioso, de hondísimo calado, en el que la experiencia se depura hasta límites insospechados, para al fin trascenderse en conocimiento y tornar a su origen, transustanciada, por medio de la palabra; una palabra que nombra y, sobre todo, sugiere, arañando la niebla, el secreto misterio de todo lo imposible.
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© Domingo F, Faílde
Jerez, junio, 2007